EL MIEDO TAMBIÉN ENSEÑA
¿Qué nos pasa cuando tenemos miedo y por qué no siempre necesitamos vencerlo?
Octubre llega con hojas que cambian de color, tardes más frescas y, por supuesto, fantasmas, brujas, monstruos y toda clase de criaturas que durante unos días parecen aparecer por todas partes.
Nos disfrazamos de aquello que nos asusta, vemos películas de terror, contamos historias de miedo y hasta disfrutamos de ese pequeño escalofrío que nos recorre cuando sabemos que algo está a punto de aparecer detrás de una puerta.
Pero hay algo curioso: si el miedo no nos gusta, ¿por qué a veces buscamos sentirlo?
La respuesta quizá tenga que ver con algo que todos conocemos mucho mejor de lo que creemos: el miedo también forma parte de aprender, crecer y conocernos.
El miedo no siempre es el villano.
Cuando sentimos miedo, nuestro cuerpo y nuestra mente se preparan para responder ante algo que percibimos como una amenaza. El corazón puede latir más rápido, sentimos tensión, estamos más atentos y queremos alejarnos o protegernos.
En muchas situaciones, esa reacción es útil. El miedo nos ayuda a ser cuidadosos, a pensar antes de actuar y a reconocer que algo requiere nuestra atención.
El problema aparece cuando el miedo deja de ser una señal y comienza a convertirse en quien toma las decisiones por nosotros.
Porque no todos los miedos tienen colmillos, a veces tienen forma de examen, de un salón lleno de compañeros, de levantar la mano para dar una opinión, de intentar algo nuevo, de equivocarnos, de no sentirnos suficientemente buenos o de preguntarnos qué pensarán los demás.
Los monstruos también pueden vivir en nuestra cabeza.
Hay miedos que nadie más puede ver.
Un estudiante puede parecer tranquilo mientras por dentro piensa: “¿Y si no puedo?”, “¿Y si me equivoco?”, “¿Y si se ríen de mí?”.
Y cuando empezamos a imaginar todas las cosas que podrían salir mal, nuestro miedo puede crecer mucho más rápido que el problema real.
Por eso, aprender a reconocer lo que sentimos es tan importante como aprender una fórmula, memorizar una fecha o resolver un problema.
Preguntarnos “¿qué es exactamente lo que me da miedo?” puede ser un primer paso para descubrir si necesitamos prepararnos mejor, pedir ayuda, practicar, hablar con alguien o simplemente darnos permiso para intentar algo, aunque todavía sintamos un poco de miedo.
No se trata de dejar de tener miedo, creemos que ser valiente significa no sentirlo, pero quizá sea al revés.
Ser valiente no significa subir al escenario sin nervios, presentar un examen sin preocupación o comenzar algo nuevo sintiéndonos completamente seguros.
Significa poder decir:
“Sí, tengo miedo… pero voy a intentarlo.”
Tal vez las primeras veces nuestras manos tiemblen. Tal vez nos equivoquemos. Tal vez las cosas no salgan exactamente como imaginábamos.
Y eso también es parte de aprender.
Porque cada vez que hacemos algo que nos daba miedo, descubrimos algo importante: que podemos enfrentar situaciones difíciles, pedir ayuda cuando la necesitamos, aprender de nuestros errores y volver a intentarlo.
Entonces, ¿qué podemos aprender del miedo?
Quizá este octubre, entre calabazas, disfraces y fantasmas, podamos prestar atención también a nuestros propios miedos.
No para hacerlos desaparecer a la fuerza, sino para conocerlos.
Preguntarnos:
¿Qué me preocupa?
¿Es algo que puedo cambiar?
¿Necesito prepararme?
¿Puedo pedir ayuda?
¿Estoy imaginando algo peor de lo que realmente es?
Y, sobre todo: ¿Qué haría si el miedo no decidiera por mí?
Porque crecer no significa vivir sin miedo.
Significa aprender a escucharlo, entenderlo y, poco a poco, descubrir que no todo lo que nos asusta tiene el poder de detenernos.
Tal vez esa sea una de las lecciones más importantes que podemos aprender:
No necesitamos esperar a sentirnos valientes para dar el primer paso. A veces damos el primer paso… y la valentía aparece mientras caminamos.
Este octubre, cuando aparezca un fantasma detrás de una puerta, probablemente podamos gritar y salir corriendo.
Pero cuando aparezca uno de esos miedos que no llevan sábana ni cara de monstruo, quizá podamos hacer algo diferente:
mirarlo de frente, respirar y preguntarle qué viene a enseñarnos.
Porque educar también significa acompañar a nuestros alumnos a descubrir quiénes son, reconocer lo que sienten y darles herramientas para enfrentar los retos que encontrarán dentro y fuera del aula.
En Colegio Argos creemos que aprender va mucho más allá de adquirir conocimientos. Es desarrollar habilidades, fortalecer la confianza, descubrir talentos y construir, paso a paso, las herramientas que cada alumno necesita para enfrentar su futuro.
Si estás buscando para tus hijos un espacio donde la formación académica camine de la mano con su desarrollo personal, te invitamos a conocer nuestro modelo educativo, nuestras instalaciones y la comunidad que hemos construido.
Quizá este octubre sea un buen momento para dar ese primer paso. Conoce Colegio Argos y descubre una forma de educar que acompaña a cada alumno a crecer, aprender y atreverse a ir más allá.